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Día Desastroso

Hola. La semana pasado comente que participaría en un Encuentro de Talentos. Yo participaría con un relato. Que en realidad es una adaptación de unos capítulos de mi fic En la Escuela, pero obviamente hice los cambios necesarios para que cualquiera que lea esto pueda hacerlo sin tener que saber nada sobre el fanfic. Pero como escribí por adelantado, además que tras algunas semanas ya estaba por desesperada por escribirlo, será Spoiler para quienes leen ese fanfic. Así que están advertidos. Sin más los dejo leer y espero que mañana poner la anécdota del encuentro.
 
*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
 
El silencio inundaba el lugar, afuera de oficina del director, a un costado del escritorio de la secretaria, se encuentran dos niños sentados. Alex y Daniel. Ambos de once años, uno pelinegro y el otro pelirrojo. Ambos tomados de las manos, uno con el ceño fruncido, el otro manteniendo la cabeza abajo, ocultando las solitarias lágrimas recorriendo su rostro antes de terminar en su ya húmeda camisa, temblando ligeramente de vez en cuando.
El pelinegro, cuyo seño parecía permanentemente fruncido, se reprochaba por lo ocurrido, pues es en parte culpable, aunque no el principal causante. Lamentándose que las cosas tuvieran que llegar a ese punto para saber las cosas que pasaba su pelirrojo amigo.
Durante el recreo fue a sentarse en las mesas que se encontraban en la azotea de la escuela, apartadas de la mayoría de los niños. Al no ver a Daniel no le dio la importancia que debía. Simplemente se sentó a esperarlo, pero al pasar los minutos y no haber señal del pelirrojo empezó a desesperarse hasta finalmente desesperarse y salir en su búsqueda.
Recorrió rápidamente los pasillos antes de salir al patio de juegos. Ahí lo encontró en una mesa con varios niños. Amigos suyos supuso erróneamente. Suspiro frustrado.
Unos meses atrás había llegado a la ciudad para irse a vivir con el padre. Quien no había conocido hasta el día en el cual su madre lo entrego, aunque sospechaba hubo dinero de por medio para este cambio en su vida.
Durante este reajuste, tanto para él, como para su padre y hermano, ha sido muy desastroso. No solo por el cambio de ciudad y vivienda, sino también de las cosas que se esperaban de él. Haciendo que incluso la escuela fuera complicada, no solo por la personalidad del niño, sino también porque la mayoría quería acercársele por quien es su padre. Un empresario en la ciudad, quien en los últimos años ha ido ganando renombre en los últimos años.
Antes de llegar a esa escuela había sido expulsado dos. Su padre empezaba a molestarse mucho por su actitud y cada intento de conversación entre ellos terminaba en gritos. Por eso se sintió aliviado cuando se encontró con Daniel. Pero con el paso de los días se dio cuenta que no podía tenerlo solo para él. Alguien como él debía tener cientos de amigos. Eso es lo que pensó. Por eso creyó erróneamente que esos niños lo eran, al igual que todos con los que había tratado la última semana.
Ese fue su motivo para unirse al grupo, por que como todas las veces anteriores, los creyó amigos de Daniel. Le desagradaba tanto tener que estar ahí, pero no dejaría a su único amigo, pero en su intento de ignorar ese sentimiento no se dio cuenta de cómo toda la anterior atención al pelirrojo ahora se dirigía a él.
Desde afuera parecía una conversación normal entre un grupo de amigos, hasta ser detenida por el movimiento brusco hecho por Daniel al levantarse.
-¿Daniel? ¿Qué te pasa? –pregunto preocupado, lamentándose de no haber forzado un espacio junto al pelirrojo cuando llego
-Yo… yo… -intento contestar nervioso, esquivando su mirada
-Tranquilo hombre, vamos, siéntate –le dijo uno de los niños quien tomo la muñeca del pelirrojo para obligarlo a sentarse nuevamente, pero este la retiro con fuerza antes de salir corriendo. Esa acción fue tan sorpresiva que todos en la mesa tardaron en reaccionar.
-Bueno… a veces actúa así de extraño –le dijo el niño a su lado en un vano intento de tranquilizarlo
-Si, no es nada de qué preocuparse –agregó otro pero ninguna de sus palabras lo tranquilizaría hasta que él hablara con Daniel, más cuando lo vio caer y los niños empezaron a rodear. Por ellos tardo llegar a lado, pero justo a tiempo para ver algo que lo creyó incapaz de hacer.
Vio a Lara, una de sus compañeras, intentando ayudarlo, solo para recibir un puñetazo de Daniel. Tan fuerte que incluso la tiro. Vio la sorpresa reflejada en la mirada de la niña mientras lágrimas se acumulaban en sus ojos. Vio como Daniel paso de la furia a la sorpresa y después al miedo. Vio como paso su mirada a los demás niños hasta detenerla en la suya. Vio como su miedo se incrementó hasta llegar al terror antes de dar media vuelta y salir corriendo nuevamente. Vio como los demás niños le abrían paso llenos de miedo.
-¿Qué paso? –Pregunto a nadie en particular apretando sus puños intentando controlar la ira que empezaba a sentir -¿Qué demonios paso? –exigió mirando a todos y a nadie en particular
-¿Es que no lo sabes? –Pregunto uno de sus compañeros –Wood tiene algunos problemas, incluso debe ir a terapia por ellos aunque nadie sabe cuales son; aunque sabemos que cuando se asusta demasiado actúa violentamente, aunque hasta hoy no había lastimado a nadie, pero eso no evito que los demás le tuvieran miedo.
-¿Por qué nadie me lo dijo?
-Te la pasas todo el tiempo con él, cualquiera creería que lo sabes
Apretó con más fuerzas sus puños, resistiendo el impulso de golpearlo, aunque sabía que el chico no tenía culpa alguna, pero sabía quién sí.
-¿Qué le hicieron? –les pregunto a los chicos con quienes estuvo antes
-No hicimos nada –contesto uno rápidamente temiendo lo que pudiera hacerle el pelinegro
-Solo fuimos amables con él –agregó otro igual de asustado –solo queríamos ser sus amigos para acercarnos a ti
-Y así fue –pensó con amargura, ahora enojado consigo mismo. Más el momento de pensar en ello termino, ahora debía encontrar a su pelirrojo amigo y sin decirle nada a nadie salió corriendo en su búsqueda.
Estuvo una hora buscándolo, en todos los lugares que se le ocurrían, principalmente en los espacios pequeños donde un niño fácilmente podría esconderse. Pero si hubiera sabido sobre los miedos de Daniel los hubiera descartado al instante. Cuando llego a un parque se adentró a la zona arbolada, fue fácil reconocer su cabello rojo entre la vegetación, aunque desde fuera podía pasar desapercibido.
Al estar a un escaso metro se dio cuenta de su ligero temblor. Escucho los sollozos ahogados entre los brazos que abrazaban sus piernas.
-Daniel –lo llamo en un susurro, sin estar seguro de que hacer, pero convencido de no dejarlo solo
Lo vio dar un respingo, levantar con lentitud su mirada para encontrarse con la suya. Vio la sorpresa reflejada en su mirada antes de pasar al alivio, para luego abrazarlo con todas sus fuerzas como si él fuera su salvavidas en medio de una tormenta. Empezó a llorar con más fuerza, logrando desahogarse completamente.
Él solo pudo abrazarlo, intentar consolarlo torpemente, deseando poder ayudarlo más, pero sin tener la menor idea de como lograrlo.
Permanecieron ahí algunas horas hasta la llegada de los maestros, cuando finalmente los encontraron. Intentaron separarlos, pero no lo permitieron. No dejaría que alguien más lo lastimara.

Cuando descubrió que Alex asistiría a su escuela se alegró mucho, pues así ya no tendría que estar solo. No es como si realmente le importara, ya se había acostumbrado a ella. A la soledad.
Pero pronto se dio cuenta que atraía a las personas, aunque tuvo que imaginarlo, pues incluso él fue atraído.
Cuando las niñas se les unieron en un recreo no hubo problema. Acepto por cortesía, pues le enseñaron que debía ser amable con las mujeres. Los problemas empezaron con los niños. Un día dos de sus compañeros se acercaron a él antes de salir al recreo. Eso lo asusto, pues ellos no le habían dirigido antes la palabra. Le preguntaron sobre Alex y él no les contesto alegando que debía reunirse con él en un intento de escapar. Pero ellos decidieron acompañarlo sin preguntarle su opinión. Esperaba que Alex los alejara como al resto. Pero él no lo hizo, aunque no los trato amablemente, les permitió estar con ellos. Eso no le gusto, no logro pensar la razón de ese compartimiento. Pero tampoco tuvo el valor para alejarlos por su propia cuenta, tenía miedo. El timbre le dio la oportunidad perfecta para marcharse.
Al regresar a su salón saco a Teddy, su oso de peluche, de su mochila y lo abrazo. Lo llevaba con él porque tenía que ir a terapia ese día al terminar las clases. No le dio importancia a las miradas de los demás por aferrarse a Teddy, pues necesitaba la calma que él le brindaba. Solo lo soltó cuando el maestro entro. Más no lo aparto. Lo sentó en sus piernas hasta el final de la jornada, cuando lo guardo nuevamente para marcharse rápidamente y así evitar a Alex. Temía que al saber su secreto se apartará como todos los demás, dejándolo solo nuevamente. Como muchos antes lo hicieron.
Al pasar los días varios niños intentaron lo mismo. Acercarse a él para llegar a Alex. Había días que lograba esquivarlos, otros no. Pero cada encuentro lo asustaba y solo lograba tranquilizarse con su amigo a su lado, los dos solos.
Hoy no tuvo oportunidad. Lo rodearon antes de darse cuenta, un grupo número y sin darle la oportunidad para resistirse lo llevaron con ellos. Lo sentaron en una de las mesas del patio e intentaron hablar con él, pero a pesar de no contestarles y mostrar su obvio desagrado por estar ahí no le permitieron marcharse. Aumentando su miedo con cada minuto que trascurría.
Rogando internamente que Alex llegara y fuera en su ayuda. Pero cuando llegó en lugar de llevarlo lejos, se unió al grupo. Entonces lo único que le quedaba fue caer. Intento huir antes de tocar. No podía permitírselo. No con Alex ahí, pero fue él quien lo detuvo porque no tenía la menor idea. Más el contacto de uno de los niños hizo que lo olvidara e intentara escapar. Sentía que en su interior una bomba a punto de explotar.
Por actuar precipitadamente no se dio cuenta de la dirección que tomo, mucho menos se fijó en el camino y termino cayendo a mitad del patio de juegos. Se encogió intentando ignorar el hecho que estaba siendo cerrado en un pequeño círculo formado por los niños curiosos. Su corazón seguía latiendo con intensidad.
Cuando sintió la mano de Lara lo único que pensó fue en alejar cualquier cosa que pudiera lastimarlo. Solo se dio cuenta de lo que hizo cuando la vio en el suelo, sin creerlo miro a su alrededor esperando encontrar algo para desmentirle lo evidente. Pero el miedo en los niños que se apartaban cuando su mirada topaba con la de ellos simplemente se lo confirmaba. Al encontrarse con la de Alex, el miedo, la ansiedad y la desesperación se incrementaron. Antes de dejarle reaccionar salió corriendo nuevamente, sin darse cuenta como le abrían paso por el miedo que les provocaba. Solo quería huir, escapar, no escuchar como Alex decidía alejarse al enterarse de la verdad como todos los demás.
No se detuvo hasta que casi fue atropellado. El conductor le grito y él también le grito al tiempo que pateaba el automóvil antes de correr nuevamente. Esta vez con una idea en mente: Esconderse. Llegó a un parque donde entre los árboles encontró un refugio y sin poder resistirlo más solo las lágrimas retenidas.
Lloro en silencio hasta escuchar como lo llamaban, dio un respingo por la sorpresa. Lentamente levanto su mirada para encontrar la de Alex, la cual reflejaba su preocupación e inseguridad. Una gran alegría lo invadió sobreponiéndose momentáneamente a su miedo. Aliviado de verlo a su lado a pesar de lo ocurrido. Sin pensarlo dos veces lo abrazó, aferrándose a él temiendo quedarse solo nuevamente. Sintiendo calmarse cuando también lo abrazó e intentaba consolarlo torpemente.
Siguió llorando hasta que los maestros los encontraron. Intentaron separarlos pero ninguno lo permitió. No quería dejar la seguridad que Alex le brindaba. Además temía lo que podía pasarle. La psicóloga le había comentado que estaba haciendo grandes avances, y ahora tenía un nuevo arranque de violencia después de tanto tiempo. Seguramente lo quieran hacer cambiar de escuela nuevamente. O peor aún lo encerrarían con los demás locos. Dejarlo en un psiquiátrico porque era un peligro para los demás. Todo porque nadie lo entendía que solo quiere paz y tranquilidad ¿por qué nadie podía entenderlo?

Diliam, el hermano mayor de Alex, fue el primero en llegar a la escuela. Desde el primer llamado por parte de la escuela, la primera a donde asistió tras su mudanza, él decidió ser quien interviniera primero para hacer las cosas más fáciles entre su hermanito y su padre.
Al llegar se sorprendió de la escena afuera de la oficina del director. Esperaba ver a dos niños llenos de moretones tras una pelea, no a ellos en ese estado. No lograba imaginar lo ocurrido. Menos con Daniel involucrado. Lo poco que había tratado con él sabía que es un buen niño. Sin saber que hacer se quedó a un lado esperando enterarse lo que pasaba. Por la actitud de su hermano podía adivinar que no obtendría información de él y la secretaria le dijo que el Director sería quien le explicará.
Minutos más tarde llegaron tres mujeres. Una señora, quien trabaja en el orfanato donde vive Daniel, una trabajadora social y una psicóloga, las dos últimas son quienes llevan el caso del pelirrojo. Con todos reunidos la secretaria permitió pasar a la oficina del director a los adultos.
-Gracias a todos por venir -dijo el Director invitándolos a sentarse frente a su escritorio, con dos sillas extras de las habituales por la ocasión –primero creo que le debo una explicación a ti Diliam, -siguió después de las debidas presentaciones -para poder entender lo ocurrido. Aunque la persona adecuada para ello es la Dra. Sánchez.
-No es común que hable sobre mis pacientes –empezó a explicar la Dra. –pero con lo ocurrido debe saberlo para entenderlo –se detuvo unos momentos para hablar de la forma más profesional posible –Daniel Wood es un huérfano abandonado en el Orfanato, a los pocos días de vida, durante muchos años se intentó ubicarle en una buena familia, pero cada intento fallo, sin buenas consecuencias para Daniel. Aún hoy no estamos seguros de lo que vivió en cada ocasión. Pero sus experiencias derivaron en varias fobias y neurosis. Temor a los extraños, episodios de abandono, propenso a actuar violentamente cuando se asusta, paranoide. Daniel ha mejorado mucho por su amistad con su hermano. La singular circunstancia donde se conocieron lo ayudó a confiar en él a pesar de todos sus temores.
Diliam mostro una pequeña sonrisa triste al recordarlo. Fue él quien tuvo que curar sus heridas de aquella ocasión. Alex había intervenido en una pelea dispareja donde la víctima fue Daniel, no importaba como lo veas, una pelea de cinco contra uno no hay oportunidad de defenderse.
-Pero temía que al enterarse sobre todo esto lo dejará como todos los demás. Creo que eso influyó mucho en lo ocurrido hoy –termino su explicación llenando el lugar con silencio. Cada adulto sumergido en sus propios pensamientos. Todos girando alrededor del pequeño pelirrojo.
-Bien –dijo el director atrayendo su atención para continuar la conversación –por lo que sabemos, los niños intentaron usar a Daniel como intermediario para llegar a Alex, pues este seguía sin aceptar sus intentos de amistad. El día de hoy un grupo lo obligo a estar con ellos y eso hizo que se asustará, las cosas se complicaron cuando golpeo a una niña y salió de la escuela. Poco después Alex lo siguió.
Tras esa explicación empezaron a discutir lo más adecuado para Daniel tras ocurrido, Diliam participaba pues Alex es un obvio apoyo para el niño. Una hora más tarde salieron. Los encontraron hablando en susurros. Al notar su presencia los niños los miraron. Alex desafiante, dispuesto a defender a su amigo. Daniel angustiado, temeroso de la decisión tomada por los adultos. Diliam suspiro dándose cuenta de lo difícil que sería convencer a su hermano.
-Nos vamos
-No quiero, no lo dejare solo
-Entiendo que estés preocupado por él, pero no podemos intervenir más
-Pero…
-Sin peros. Ahora está seguro, no hay nada que temer, nada malo le pasara
-… - Alex los miro, pensando en que hacer, viendo que no importa lo que dijera, ellos los obligarían a separarlos –bien, que así sea- pensó desafiante –escapa de los pingüinos, nos veremos en el garaje al anochecer –le susurro cuando lo abrazo antes de dejarse guiar por su hermano a la salida.
No aparto su mirada del pelirrojo hasta que la puerta se cerró cortando su contacto visual, pero alcanzando a ver como la madre lo abrazaba pero Daniel aun buscando su mirada. Realmente no quería dejarlo solo, pero no tenía otra opción. Se meterían en más problemas de los que se encontraban si intervenía en ese momento.
Tanto en el camino a casa, como en su hogar discutió con todos por lo ocurrido. Esto solo hizo aumentar su odio a los adultos. Cuando tuvo la oportunidad se escapó.
Meses atrás había encontrado un viejo garaje abandonado, donde ambos niños se reunían de vez en cuando y pasaban tiempo juntos lejos de los demás. Ahora pensando en eso se dio cuenta cuan descuidado fue. El lugar no es muy grande, ni se encontraba en el mejor estado cuando lo descubrieron, pero tras varias semanas los niños lo acondicionaron para ser habitable. Habían conseguido un viejo refrigerador, aunque no funcionaba les servía para guardar golosinas, un viejo sofá, un mesa con una pata rota, pero con un par de ladrillos se equilibraba, en un rincón tenían amontonados varios comics.
Se sentó a esperarlo, aunque si no llegaba pronto iría a buscarlo. Cosa que no fue necesaria. Se saludaron en silencio antes de que Daniel se sentara a su lado. Cada uno metido en sus pensamientos. Alex inseguro de cómo comenzar su conversación. Daniel también inseguro, pero más tranquilo de lo que había estado en todo el día. Pues ya no tenía nada que temer con su amigo a su lado.
-¿Qué te dijeron? –pregunto el pelinegro cuando su impaciencia le impidió seguir esperando
-Bueno… -empezó recordando lo ocurrido.
Minutos más tarde de la marcha de los hermanos, Daniel se marchó junto a las tres mujeres al orfanato donde vive.
Al llegar algunos niños lo miraron con curiosidad. Se trataba de los más pequeños quienes aún no asistían a la escuela. Por eso al verlos llegar concluyeron que se había metido en problemas. Entre risas canturrearon “Lero, lero, candilero”. Por ello fueron regañados, pero los niños solo se alejaron entre risas, mientras Daniel intentaba hacer oídos sordos a sus palabras.
En la intimidad que les brindaba su habitación, es cuando empezaron hablarle sobre lo ocurrido. Recordándole que no había razón para temer. No sería castigado por lo ocurrido.
-Pensamos en la posibilidad de cambiarte de escuela, pero un cambio no sería adecuado para ti, menos alejarte de tu amigo, eso sería más que injusto –le dijo la trabajadora social
-Pensamos en varias cosas, pero el único cambio que tendrás serán tus sesiones, -continúo la Dra. –además del lunes, también iras conmigo los viernes, en el mismo horario
-Sabemos que te cuesta confiar en los demás, pero nosotras realmente nos preocupamos por ti, -prosiguió la trabajadora del orfanato, sentada con él en la cama –por eso te pedimos que cualquier cosa que te preocupe debes hablar con nosotras, no podemos ayudarte si no sabemos si algo te pasa
-También me dijeron que habían planeado presentarme a una familia, pero con lo ocurrido es difícil que acepten tenerme –termino de contar con la mirada distraída en la oportunidad perdida
-Lo siento –susurro Alex
-¿Por qué? Nada de esto es tu culpa
-Lo sé, los verdaderos culpables son esos niñatos, pero si me hubiera dado cuenta de lo que te sucedía lo hubiera evitado
-Perdona por no decirte antes
-TT, no te preocupes, hay cosas que no son fáciles de contar, pero dejémonos de tanta cursilería antes de termine con diabetes
-Jajajaja –río por primera vez Daniel en todo el día, Alex rio con él poco después, confirmándose su preferencia de a verlo sonreír a verlo llorar, también prometiéndose protegerlo. Él también tenía su dosis de doloroso pasado a causa de los adultos, aunque en su caso fue a causa de su madre. Por eso los odiaba a todos. Los adultos con sus falsas promesan, sus mentiras y traiciones. Los niños que se alejaron de él por su madre, pero ahora quieren hacerse por su padre. Los niños que no entendían nada.
Aun así el chico a su lado, es el único en quien confía y mientras estuvieran juntos podían enfrentarse al mundo entero si es necesario.
 
 

Comentarios

Citu ha dicho que…
Uy que precioso relato me encanto el personaje de Daniel, muy bien llevado. Me gusto también el mensaje de tu historia. un beso y te me cuidas

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